CAVALLERIA RUSTICANA y PAGLIACCI, dos x uno

Las óperas de Mascagni y Leoncavallo, a la manera de un díptico, en la particular mirada del tenor José Cura

Los dos son títulos fundamentales del verismo, esa corriente de la ópera italiana que a fines del siglo XIX abandona los grandes temas históricos o legendarios para meterse con las miserias del hombre de a pie. También por esos títulos son hoy reconocidos sus respectivos creadores: Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni, y Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo (en su caso también libretista). Es una tradición que estas dos óperas breves sean representadas juntas. Pero en este caso la apuesta de José Cura fue un poco más lejos: presentó ambos títulos como dos momentos distintos en la vida de una misma comunidad. Además de unificar Sicilia y Calabria, llevó esta aldea a la calle Caminito, en el porteño barrio de La Boca.

Cura plantea esta trasposición geográfica como un homenaje a la inmigración italiana de principios de siglo, lo cual puede tener cierta lógica, aunque no le añade nada a la obra. O casi nada, porque es la excusa para introducir, aquí y allá, elementos musicales relacionados con el tango. Se escucha un tango en la radio al abrirse el telón, suena un bandoneón en escena, junto con los violines en el foso, durante el Intermezzo de Cavalleria, mientras una pareja baila un tango dramático, onírico y pleno de simbolismo, anticipando la muerte del personaje, y después el mismo bandoneón, a cargo de Juan Kujta, acompaña al público en el intervalo, a telón abierto y con la sala a media luz.

Incluso cuando persista la duda en cuanto a la conveniencia de trasladar la acción a Buenos Aires, la puesta en escena es impactante. En la primera parte se destaca, tanto en lo vocal como en lo actoral, el excelente trabajo de Enrique Folger como Turiddu, acompañado por la Santuzza de la prometedora Guadalupe Barrientos, dueña de una gran voz. Completan los roles principales el Alfio de Leonardo Estevez, la Mamma Lucia de Anabella Carnovali y una sanguínea Lola a cargo de la bella y talentosa Mariana Rewerski. Más allá del desempeño vocal, no en todos los casos hubo una buena dicción del italiano.

Hay algunos detalles que no se terminan de comprender. Por ejemplo que Alfio, quien en teoría es un rústico carretero, además de llegar motorizado al set para enseguida cantar acerca de caballos, sea luego el único que aparece vestido con mucha elegancia, casi como un dandy. Tampoco se entiende cuál fue la idea de tener todo el tiempo en escena a un policía que no hará absolutamente nada para evitar el duelo entre Turiddu y Alfio, ni para frenar los gestos homicidas de Canio. Acaso pueda tomarse este detalle como una velada crítica a la inacción de las fuerzas policiales en el mundo real, pero tal vez sea solo una idea de este comentarista.

Dentro del panorama lírico, José Cura es uno de los nombres más queridos por el público, incluso cuando no siempre coincida esto con el ánimo de la crítica especializada. A sus méritos como tenor, que puso de manifiesto en la segunda parte de la velada encarnando a un Canio temible, el rosarino suma en esta puesta los roles de director de escena y diseñador de escenografía e iluminación. Fue en la célebre aria “Recitar! Vesti la giubba” donde afloró todo el talento del cantante, que además se mostró muy compenetrado con su labor actoral. La estética de su Canio pareció por momentos un tributo a El Fantasma de la Ópera. Fue secundado por Mónica Ferracani como Nedda, un gran Tonio interpretado por Fabián Veloz, también a cargo del Prólogo, el Silvio de Gustavo Ahualli y el Beppe de Sergio Spina.

Para dar la idea de una única historia, acaso el Prólogo de Pagliacci hubiese debido quedar al comienzo de toda la función, aunque es verdad que como final es más efectivo el golpe de efecto de la famosa línea “La commedia è finita”, puesta en este caso en boca de Mamma Lucia. También fue raro el manejo de algunas temporalidades, como por ejemplo durante el Intermezzo de Cavalleria, cuando parece hacerse de noche, cuando en realidad la venganza de Alfio tiene lugar durante el mismo día.

De todos modos esta puesta doble con Cavalleria Rusticana y Pagliacci -estrenada por José Cura en Bélgica en 2012-, con su mezcla fatal de celos y pasiones encontradas, es más que digna de ser disfrutada y aplaudida. Tanto el Coro Estable del Teatro Colón como el Coro de Niños cumplieron muy bien su papel, en tanto la Orquesta Estable, bajo la dirección de Roberto Paternostro, tuvo sus momentos de lucimiento, aunque también sus deslices inexcusables. Germán A. Serain

Cavalleria Rusticana y Pagliacci
Fue el 14 de julio de 2015

Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109
www.teatrocolon.org.ar

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