BUCHAREST SYMPHONY ORCHESTRA, preciosa noche

Joanna Woś y Tadeusz Szlenkier en un programa lleno de hits

Atractiva noche propuso Nuova Harmonia con la Bucharest Simphony Orchestra, dirigida por Benoît Fromanger, aunque el programa proponía también a la soprano Joanna Woś y al tenor Tadeusz Szlenkier quienes fueron, en realidad, los principales protagonistas. El llamativo programa incluyó una serie de hits operísticos, a los que se sumaron tres piezas sinfónicas.

Homenajeando a su tierra, el inicio fue con la Rapsodia Rumana op. 11 de George Enescu, con precioso diálogo entre las cuerdas, marcado por la expresividad de elocuentes violines y violas, en deleitable tono rapsódico y marcial, algo opacado por un desequilibrio sonoro en la percusión. El segmento sinfónico se completó con la Suite Cascanueces de Tchaikovsky -interpretada con la requerida gracia de la historia- y una versión sublime y emotiva de la obertura de La forza del destino de Verdi, que Fromanger dedicó a las víctimas argentinas del atentado ocurrido el último día de octubre en New York.

Los cantantes pasearon por el más célebre repertorio de Puccini y Verdi, agregando algo de Donizzetti (Una furtiva lacrima) y Bellini (Casta Diva). Es indudable la formación y técnica de ambos. Es claro que Woś es una gran belcantista y se maneja con una voz potente y segura, con gran despliegue y delicada coloratura, a pesar del abuso de vibrato que llega hasta sus labios. En su expresión se disfrutaron, sobre todo, las arias de La Traviata.

En tanto, Szlenkier brindó una función espectacular, impecable en la calidad de su voz, fluidez y volumen. Efusivo y manifiesto en la actuación, descolló con Addio fiorito asil, de Madama Butterfly. Junto a ella, brillaron como dúo, particularmente en Addio, addio speranza ed anima, de Rigoletto y O soave fanciulla, de La bohème.

Además de un excelente director, Fromanger es un hombre naturalmente histriónico, a tal punto que en un momento en que los cantantes no volvían al escenario y considerando exagerado el tiempo de espera, miró al público, consultó el reloj, dejó el podio y fue a buscarlos entre bambalinas. Entre risas y aplausos, fue el provocador del bis, el clásico brindis de La Traviata, cierre de una noche encantadora. Martin Wullich

Fue el 6 de noviembre de 2017
Teatro Coliseo
Marcelo T. de Alvear 1125 – Cap.
011 4816-3789
Nuova Harmonia

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