BORIS GILTBURG Y KOTARO FUKUMA, en sendos pianos

Un ruso y un japonés en estupenda pareja musical

Las luces del Teatro Coliseo generan un espacio cálido y atractivo. Los reflectores cambiarán para cada una de las tres obras en que se divide el programa anunciado, pero por el momento predominan los tonos rojos. No hemos escuchado anteriormente a ninguno de los dos intérpretes convocados: el japonés Kotaro Fukuma y el ruso Boris Giltburg. Pronto sabremos que no defraudarán en absoluto. Muy por el contrario, brindarán una lección de buena técnica y musicalidad, con notable capacidad de comunicación. Porque si es complejo tocar piano a cuatro manos, en ese caso el músico tiene a su lado, en una inmediatez física, el referente al cual debe acoplarse en su interpretación; pero la distancia que media entre ambos pianistas, sentados cada uno ante su propio instrumento, obliga a escuchar y a sincronizar de una manera mucho más fina la propia parte con la del compañero.

El concierto se inició con la monolítica Sonata Op. 34 de Johannes Brahms, una obra más conocida en su formato de quinteto para piano y cuerdas, articulada en cuatro movimientos. Una maravilla que habrá sido disfrutada, en especial, por el público más afecto a las obras académicas. Y sirvió para defender una hipótesis que venimos elaborando desde hace algún tiempo: los ataques de tos en el público se dan prioritariamente en los movimientos lentos.

Luego vino el plato fuerte, esperado por todos: el arreglo para dos pianos que el propio Gerswhin realizó de su famosísima Rapsodia en blue, que tuvo el mérito de hacernos mover los pies con su swing, como debe suceder con cualquier composición de jazz que se precie. Aquí el toque de Giltburg se mostró ligeramente más duro -si se quiere, más en estilo ruso- que el de Fukuma, quien pareció disfrutar de una mayor libertad para desarrollar la expresividad casi improvisatoria que esta pieza reclama.

Finalmente, presentaron un verdadero tour de force, rebosante de notas, con la Suite Nº 2 Op. 17 de Sergei Rachmaninov, que los pianistas superaron exitosamente, muy bien articulados entre sí y coronados por entusiastas aplausos sobre el final de la Tarantela con la que culmina la obra.

A la hora de los bises, presentados siempre en correcto español por ambos pianistas, tocaron uno de los Estudios en forma de canon de Robert Schumann, arreglado por Claude Debussy, y luego dos números de la Suite Dolly de Gabriel Fauré, en este caso tocados a cuatro manos sobre un mismo instrumento. Sumamente satisfechos, esperamos que la temporada 2017 de Nuova Harmonía nos siga ofreciendo más gratas sorpresas. Germán A. Serain

Fue el 9 de Noviembre de 2016
Teatro Coliseo
M. T. de Alvear 1125 – Cap.
(011) 4816-3789
teatrocoliseo.org.ar/nuovaharmonia

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