AMERICAN STRING QUARTET, tres x cuatro

El prestigioso cuarteto de cuerdas se presentó en el ciclo de Nuova Harmonia

Buenos Aires es una ciudad con una notable oferta cultural, y esto hace que a veces uno tenga la oportunidad de asistir dos días seguidos a sendos conciertos de músicas de cámara de excelente nivel. Apenas un día después de haberse presentado el Trío Osmanthys en el Teatro Colón para el ciclo del Mozarteum Argentino, la temporada propuesta por Nuova Harmonia presentó en el Teatro Coliseo al American String Quartet, reconocido internacionalmente como uno de los más importantes del mundo. La formación original del grupo, que todavía conserva a la violinista Laurie Carney, data de 1974, cuando los músicos eran estudiantes de la Juilliard School. Posteriormente se incorporaron Peter Winograd, Daniel Avshalomov en la viola y Wolfram Koessel en el violoncello. Desde entonces, y más allá del recambio de sus integrantes, el grupo se ocupó de cimentar un sonido y un ensamble notables.

Tres fueron las obras que integraron el programa del cuarteto, comenzando por el bellísimo Cuarteto Nº 6 de Ludwig van Beethoven, en Si bemol. Beethoven compuso un total de dieciséis cuartetos para cuerdas, de los cuales el puntapié inicial lo constituye su opus 18, publicado en 1801, que abarca los primeros seis. Para entonces el músico tenía 31 años y llevaba ocho instalado en Viena. Sus ingresos provenían de la enseñanza y sus actuaciones en público, pero sobre todo de la protección de sus mecenas, pertenecientes a la nobleza de la época. A uno de ellos, el príncipe Lichnowski, está dedicado este ciclo, que muestra todavía el respeto por la estructura formal clásica fijada por Haydn, pero al mismo tiempo deja vislumbrar el estilo revolucionario del futuro Beethoven.

Con un contraste fuerte -acaso demasiado- la primera parte del concierto se completó con el Cuarteto Nº 8 en Do menor de Dmitri Shostakovich, compuesto en 1960 y dedicado a las víctimas de la guerra y el fascismo, entre las cuales él mismo se consideraba incluido. La obra, compuesta en apenas tres días, tiene un carácter oscuro, y el propio Shostakovich habría declarado: “Me dije que después de mi muerte nadie compondría una obra en mi memoria; así que decidí componer una yo mismo”. Varias son las citas de otros trabajos anteriores del compositor que aparecen en este cuarteto, cuyo tema principal marca un criptograma que incluye las iniciales de su nombre.​

En la segunda parte del concierto, la tercera obra programada marcó un sabio punto medio con el Cuarteto en Fa de Maurice Ravel. Publicado casi un siglo más tarde que el trabajo de Beethoven, y medio siglo antes que el de Shostakovich, este cuarteto no fue muy bien recibido en su momento. Dicen que Gabriel Fauré, a quien estuvo dedicada la obra, lo criticó duramente, tildando la música de atrofiada y mal balanceada; aunque al mismo tiempo Claude Debussy le habría escrito a Ravel en privado para aconsejarle: “En nombre de la música y de mí mismo, te ruego que no cambies ni una sola nota de tu cuarteto”. Es evidente que se trataba de una música avanzada para su época, pues a la larga este cuarteto terminó siendo reconocido como una obra de referencia.

Celebrados, con toda justicia, con sonoros aplausos, el American String Quartet se despidió interpretando otro Beethoven para el bis, en este caso de su etapa más madura: la Cavatina del Cuarteto Op. 130. Germán A. Serain

Fue el 29 de agosto de 2017
Teatro Coliseo
M. T. de Alvear 1125 – Cap.
(011) 4816-3789
teatrocoliseo.org.ar/nuova-harmonia

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