ALICE’S ADVENTURES IN WONDERLAND, sueño escénico

Danza, teatro y efectos visuales dan nueva vida al clásico de Lewis Carroll

Alice’s Adventures in Wonderland (Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas): ballet en dos actos – Coreografía: Christopher Wheeldon – Música: Joby Talbot – Escenografía y Vestuario: Bob Crowley – Ballet: Estable del Teatro Colón –  Dirección artística: Julio Bocca – Dirección: África Guzmán – Orquesta: Filarmónica de Buenos Aires – Dirección: David Briskin – Alumnos de la Academia Coral (Director: César Bustamante) y de la carrera de Danza del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón

Seguramente Lewis Carroll (nacido Charles Lutwidge Dodgson, 1832-1898) nunca imaginó que las historias que narraba a la pequeña Alice Liddell en plena época victoriana mantendrías su vigencia a lo largo de los años. Desde las versiones cinematográficas de dibujos animados (1951) hasta las de Tim Burton (2010 y 2026), pasando por la celebración mundial del día de Alicia cada 4 de julio, miles de seguidores adultos y pequeños recuerdan y reavivan la mágica historia de la niña que cayó por un hueco y conoció seres disparatados.

Buen tema para un ballet extenso: así lo pensó el coreógrafo y bailarín inglés Christopher Wheeldon, quien de niño solía dormirse escuchando la historia de Alicia, y estrenó su ballet sobre este tema para el Royal Ballet de Londres en 2011. No fue la única oportunidad en que Wheeldon encontró inspiración en la literatura: Cuento de invierno (2014) basado en una obra de Shakespeare; Como agua para chocolate (2022) en la novela de Laura Esquivel, y Oscar (2025), en la figura de Oscar Wilde, integran también su acervo coreográfico.

Rescatando la simbolización de los principales personajes de la nouvelle de Carroll, Wheeldon les encontró su alter ego en el entorno del escritor: la madre de Alicia es en el sueño la Reina de Corazones, el padre es el Rey, hay un mago invitado al convite de la familia de Alicia que luego será el Sombrerero loco. El propio Carroll aparece en la escena inicial para luego transformarse en el Conejo blanco que guiará a Alicia por el País de las Maravillas, intentando salvar a Jack, personaje que no estaba en la historia original y del cual la protagonista —aquí, cuasi adolescente— está enamorada. El coreógrafo eligió imprimir a los solistas una carga actoral importante más que grandes exigencias técnicas. Plasmó en cambio milimétricas combinaciones para las escenas de los naipes, lucidas figuraciones en el vals de las flores, y un desopilante homenaje al célebre Adagio de la rosa de La bella durmiente, siguiendo a Petipa en clave humorística. Muy ingenioso resulta el sorprendente final, que no vamos a develar aquí.

El mayor peso de esta obra recae en el aspecto visual, que valiéndose de telones, mappings, teatro negro, títeres y elementos corpóreos permiten los vertiginosos cambios escénicos que requiere la historia, con algunos guiños como la recreación de la fachada del Christ Church College de Oxford donde Carroll fue profesor, la inclusión en el vals de las flores de la imagen del rostro de una niña y la utilización del escenario de un teatro, dos recursos característicos de la estética victoriana. La producción no fue realizada en el Teatro Colón, sino que fue alquilada a los ballets reales danés y sueco, lo que se evidencia ante su reducida escala en relación al escenario del Colón. Esto torna impracticable la reprogramación de la obra en nuestro primer coliseo sin volver a alquilarla, lo cual es de lamentar dado que sería oportuna su reposición en próximas temporadas, teniendo en cuenta que las entradas para estas diez funciones se agotaron mucho antes del estreno.

Otro punto destacable es la música compuesta por Joby Talbot —colaborador habitual de Wheeldon—, que incluye una profusa artillería de instrumentos de percusión que tomaron casi medio foso de la orquesta y los palcos avant-scène. La partitura de Talbot roza lo cinematográfico, con evidentes citas a compositores de la talla de Musorgski, Shostakovich y hasta Gershwin, y es impecable en su misión de acompañar a la escena bailada, con motivos reconocibles  para cada uno de los personajes, además de incluir un tango-habanera para la variación de la Reina de Corazones.

Tanto los solistas como el cuerpo de baile del Ballet Estable estuvieron a la altura de las circunstancias, con algunas agradables sorpresas en las interpretaciones. Caterina Stutz encarnó a Alicia con simpatía y carácter y en perfecta conjunción con Facundo Luqui como Jack. También fueron eficientes David Juárez como la cimbreante Oruga y Fernando Gonzálvez y Luciano García, Pez y Rana lacayos respectivamente; mientras que Juan Pablo Ledo (el Conejo blanco) y Emanuel Abruzzo (la Duquesa) pusieron toda su experiencia actoral en dos papeles que la requieren ampliamente, al igual que Federico Fernández como el Rey. Milagros Niveyro sorprendió con su dominio del tap, lenguaje que el coreógrafo eligió para dar vida al Sombrerero loco. Pero quien se llevó las palmas fue Natalia Pelayo, excelente para componer tanto a la Madre como a la Reina, por su expresividad y su técnica: fue la gran actuación de la noche. Al muy buen desempeño del cuerpo de baile se sumó el de los alumnos del Instituto Superior de Arte en las escenas de conjunto.

La Orquesta Filarmónica interpretó acabadamente la partitura de Talbot, creando los climas necesarios en cada escena. Se destacó el concertino Xavier Inchausti en los punzantes solos con distinta afinación que acompañan a la Reina de Corazones. Patricia Casañas

Fue el 16 de julio de 2026
Teatro Colón
Libertad 621 – CABA
(011) 4378-7100

ALICEu0027S ADVENTURES IN WONDERLAND (ballet) - Teatro Colu00f3n -  martinwullich.com

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