ALESSIO BAX, concreto

Prudente expresión del pianista italiano en el ciclo del Mozarteum

El tentador programa anunciado tuvo su correlato con Alessio Bax, excelente pianista que interpretó con notable precisión y mediana entrega. Si bien la estrella de la noche fue Modest Mussorgsky con sus Cuadros de una exposición, no le fueron en zaga Beethoven, Rachmaninov y Kreisler.

HOPAK - Alessio Bax - www.martinwullich.com

El intérprete hizo su aparición y casi sin que terminara el aplauso de bienvenida, comenzó con las notas de la Sonata Quasi una fantasia, más conocida como Claro de luna, marcando ya un estilo muy personal, conciso y sin ampulosidades, aunque frío. A renglón seguido, Hopak, de La feria de Sorochinsky, de Mussorgsky, sonó con el espíritu exultante cuyo título indica (saltar, en ucraniano) la popular danza, original para orquesta, que tan bien arregló para el piano su compatriota Sergei Rachmaninoff.

De éste último se oyeron luego dos Preludios (op. 32 No.5 y op. 23 No.5) que fueron claros indicativos de la técnica impecable de Bax, sorteando hábilmente las dificultades que proponen e imprimiendo un cierto sesgo romántico. Los pesares y alegrías de amor (Liebesleid y Liebesfreud) de Fritz Kreisler, escritos originalmente para violín y piano, transcriptos para piano solo una vez más  por el inquieto Rachmaninov, demostraron otra vez el notable manejo de Bax para hacerse cargo exitosamente de originales ritmos danzados. Y conformaron la mejor expresión de la primera parte.

Pero, lo dicho, fueron las pinturas y obras de Viktor Hartmann, su queridísimo amigo, la inspiración que movió a Mussorgsky a exhibir musicalmente las 11 piezas que componen esta magnífica muestra -luego orquestada magistralmente por Ravel- y que Bax transmitió con la suma de las artes. Alessio Bax nos hizo ver y contemplar, como en la exposición de marras, desde los gnomos y los niños hasta los polluelos bailando en sus cascarones, desde un judío pobre y uno rico hasta los maleficios de Baba-Yaga, desde las lúgubres catacumbas hasta la majestuosa puerta de Kiev, con la energía y magnificencia del espíritu ruso, en conmovedora manifestación. Estuvo respetuoso de los tiempos, sin ampulosidades, claro y deleitable.

Como bises, Alessio Bax ofreció –anunciado en perfecto español- el Preludio para mano izquierda de Alexander Scriabin, que sonó insulso, y la Danza Húngara No. 5 de Brahms, algo acelerada, como para demostrar que es un prestidigitador de las teclas, pero le falta crecer en expresión. Martin Wullich

Fue el 6 de octubre de 2015
Mozarteum Argentino
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109

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